¿Cuánto estás dispuesto a perder?
¿Cuánto estás dispuesto a sacrificar? ¿mucho o todo? Por el futuro ¿de los tuyos o el de ellos? Miro a mis hijos, y las lágrimas se mezclan con la rabia, al buscar un punto de agarre en esta sociedad. Me hundo, en un pozo profundo, donde ya no puedo ayudar, y no los puedo encontrar. Despertar, asustado, y verlos dormir, es la vuelva a empezar. Cada noche igual.
Y la música vuelve a sonar. Una canción francesa a altas horas de la madrugada. No hay alcohol, no hay humo, solo soledad, en la oscuridad. Y el golpear de estas teclas para hacerte llegar, este dolor que no me deja respirar. Para luchar mi ansiedad, escribo; luché, la soledad, la ausencia de familia, el amar con todas mis fuerzas y volver a empezar… ahora, tener lo que tengo, me hace luchar cual lobo por su clan; mis hijos son mi respirar, mi levantar. Lo dejo pasar, a cada vez más radical, a tirar de mí. Saco/a fuerzas de donde no hay, para volver a empezar.
No me importa Laia, jamás podrá crear mis lágrimas, transformarlas desde lo más profundo, arrancarlas y formar palabras; no me importa cuántas veces me tenga que reinventar. Pero ¿cómo enseñar este reinventar? ¿cómo encontrar ese dolor y mover el mundo? ¿cómo resistir sin dejarte ir?
Una vez más, la música vuelve a sonar… el pitido constante en mis oídos se mezcla con la música. ¿qué haces aquí? ¿qué hago aquí?