SOLEDAD
Existes en mí desde que nací, conforme crecía te hiciste más y más fuerte. Sin entenderte el hombre aprendió a temerte. Me enseñaron a no pensar en ti para que así vivieras ajena a mí. Sin embargo a pesar de mis intentos eres la primera en llegar y la última en irse. Tu nombre aunque atiende al cálido género femenino, no me calienta, sólo me hiela.
Hoy concibo mi miedo… ¡Así es mi querida soledad te temo porque no te comprendo! Te alejo porque tu compañía implica el olvidarme de todo y reencontrarme con mi razón de coexistir, misma que dignamente no he aprendido del todo a vivir. La distorsión de tu esencia obliga a temerte, la falsedad de tu nombre inmoviliza todo contacto con el fin supremo de tu encomienda sobre mí inherencia.
Curiosa manera que huyo de ti… Pensando escaparme asumo la idea que mi gestión no es ocultarme, mucho menos alejarte. Ya no serás mi excusa por la cual vivo ajeno de mí.
Ahora sin miedo comprendo aquel nombre… Futesa grupal emergiendo de un mundo servil y tributario, privado de toda introspección. Hoy por hoy quisiera dejar de llamarte Soledad porque esa es una terminología social. Desde ahora para mí sólo serás “mi inteligencia para estar a solas” es decir: La energía reflexiva del “darse cuenta” que me permite entender el ¿por qué de mí razón en esté mundo? ¡A través de la ausencia del mismo!

Bienvenido a 
Comentarios
Añade tu opinión