Solo…
Una llamada… un tono… dos tonos… tres tonos…
Cuelgo…
No importo… un acúmulo de pensamientos llegan a mi mente… ¿Qué he hecho? Tal vez sí tenga destino, y fuera estar solo. Caer en el olvido de todos… casi sin fuerzas para nada… las lágrimas vuelven a salir… estás cansado de perder cosas que te importan… no quieres sentir… pero… es tan difícil cuando no está nadie ahí…
Solo…
Vuelvo a llamar… un tono… dos tonos… no puedo más.
Cuelgo…
Mis lágrimas vuelven a brotar… mi cabeza da vueltas… mi mundo se viene abajo… mi mente se quiere suicidar… y sólo las lágrimas… ahogan mis ojos… no quiero ser lobo… siempre solo, siempre tan necesitado de alguien que me comprenda… que me abrace… que me quiera… siempre lobo… aunque no quiera…
Las lágrimas golpean tu cabeza…
Ultima llamada… un tono… dos tonos… tres tonos… cuatro tonos… desesperado.
Cuelgo…
Si tan sólo supieras lo que no quiero, y ya he perdido… si tan sólo te importara un poquito… sin tan sólo me consideraras tu amigo… pero no ha ocurrido… mañana habré muerto… porque esta noche habré perdido una amiga… y eso, me duele tanto, como saber que soy lobo y no puedo remediarlo… tanto, como saber que estoy solo, sin razones… que siempre estaré solo, y que ya no sé estar acompañado, porque temo a sentirme tan decepcionado…
No importo… os odio.
Mode: Yo… solo.
Escuchando: Kare kano – A Lonely Figure (slow)
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Mientras se encontraba en la parte más sombría del bar, completamente apartado de las otras mesas y de la barra, bebía sorbo a sorbo su café con leche caliente, que siempre le pedía a la misma camarera, la única, que se atrevía a atenderle. Corrían muchos rumores sobre él… que venía sólo por la camarera, que si estaba solo, que si era un asesino, y muchas barbaridades más que siempre la gente comenta. Pero el caso es que a esa camarera no le parecía así, por eso lo atendía, y creo que él se dejaba atender, porque era la única que no lo trataba como los demás.
En su mesa, siempre tenía un bloc de notas, y cuando no lo traía utilizaba las servilletas, llegando a utilizar un montón escribiendo palabras y palabras que realmente no llegaba a entender, pero que al parecen correspondían a relatos. Su aspecto parecía dejado, se notaba que se rapaba la cabeza y de ahí continuaba de vez en cuando con la barba, pero, parecía muy descuidado. Vestía informalmente, casi siempre con ropas cómodas y que no llamaran mucho la atención, a veces con gorro, a veces con gorra, y su reproductor mp3 nunca dejaba de sonar, porque siempre que ella se acercaba, escuchaba una melodía de bombos y cajas.
Sus conversaciones siempre eran de la misma forma:
-¿Lo de siempre señor? – dijo ella intentando ver aparecer sus ojos bajo la gorra.
- Si… – dijo él casi sin levantar la cabeza.
Ella se alejó, y le trajo su café con leche, caliente pero no hirviendo, y con dos sobrecitos de azúcar. Y poco a poco iba sorbiendo mientras escribía, siempre escribiendo…
- Es mi descanso señor, puedo tomarme un café con usted…
El hombre paró de escribir, y alzó poco a poco la cabeza, primero viendo aparecer el uniforme de camarera, y luego mirando a la camarera que siempre le atendía. Él asintió con la cabeza, haciendo un parpadeo suave, mirándola fijamente. Ella cogió su café y se sentó con él. El tiempo pasaba y ninguno de los dos hablaba, parecía una situación tensa, pero raramente era al contrario, era una situación tranquila, porque mientras ella miraba su café, él escribía; mientras ella intentaba ver lo que escribía, él bebía un sorbo de su café.
-¿Puedo preguntarle cómo se llama? – dijo él sacándola de sus pensamientos.
Ella volvió a bajar la cabeza y después de un rato mirando su café dijo, sin despegar los ojos del café:
-¿Puede decirme para quién escribe? – dijo ella.
Él volvió a seguir escribiendo, a veces ella parecía ver versos, a veces textos, pero tenía una gran curiosidad. Quería conocerlo. Entonces él cogió un trozo de servilleta y escribió algo, recogió sus cosas y se marchó, dejándola… a ella, y a la servilleta.
Ella subió la cabeza y cogió la servilleta, le dio media vuelta, y leyó lo que él había escrito…
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Una máquina de escribir antigua encima del escritorio, ni siquiera él sabía por qué la había comprado. Cerca de las tres de la madrugada, su mente divaga, y comienza a pensar… es hora de un buen café cargado y ponerse a escribir, o tal vez pintar. Sumergido en el marco de la soledad, tiene miles de relatos en la cabeza, que no sabe cuando saldrán… a su derecha aún espera esa hoja a medio escribir, en perenne espera a que sus dedos vuelvan a golpear cada tecla; pero esta vez está siéndole infiel, y prefiere acariciar las teclas del ordenador que se encuentra justo al lado. De fondo, una canción no deja de sonar, titulada “Until I die”, a su izquierda, cuadros a medio terminar y motivos kanji; frente a él, postits por todos lados, fotos, anotaciones, un folleto de una exposición, recortes de periódicos; encima una mini repisa, cargada de libros y demás, un instrumento casi mortal. Si cayera le rompería dos de sus cosas más preciadas, por este orden, su ordenador y su cabeza; a su derecha una ventana que daba a un patio de vecinos, raramente subida hasta arriba, casi siempre dejaba el hueco para que pasara su gata… rodeándole cuatro paredes que lo asfixiaban, póster por todos lados, dibujos… y justo detrás, su cama.
Nunca sabía por qué aguantaba tanto frente al ordenador, por qué le tenía miedo a volver con la almohada, a abrazarla, y adentrarse al mundo de los sueños. Era algo que le aterraba, y tal vez por eso, se pasaba las noches buscando cosas con las que alimentar su mente, con las que poder deteriorar su cuerpo hasta hacerlo llegar a un límite en el que no pudiera más, y así, dejarse caer en la cama hasta no darse cuenta ni siquiera de los sueños.
Lo había decidido, iba a volver a tomarse un café después de tantos días intentando dejarlo. Le estaba gustando tomarse un Cola Cao calentito en taza últimamente, tal vez mientras lo esté haciendo, decida que prefiere el Cola Cao… pero al final se hizo un café, de bote, no recién hecho como a él le gusta. Le encantaba oler el café justo después de hacerlo, pero bueno, parecía que no tenía fuerzas para hacer el café… mientras, meditaba sobre el comentario de una amiga eres lobo, reflexionó, y le dio un sorbo al café. Mmmm a pesar de ser un café de bote, estaba bastante bueno, tal vez fuera la falta de costumbre, pero este momento le encantaba. Aún esa canción continuaba… le había gustado, y seguramente la escucharía hasta llenarse.
Llega el momento de meditar sobre el día, que como siempre, había sido largo e improductivo, parecía que le habían absorbido las fuerzas, y ya no tenía ni ganas de salir de su minúsculo cuarto, al que ni siquiera entraba luz de verdad. Se sentía acurrucado en su zulo, tanto, que a los pocos días de verlo, se enamoró de él. No sabía ni que día era, ni si era ya martes, o seguía viviendo en domingo, aunque tampoco le importaba mucho. Su teléfono siempre estaba a su lado, es su comunicación con el exterior, aunque lo utiliza poco, casi siempre, es su madre que la llama preocupada, en el fondo la quiere, y mucho, pero tal vez creía que su chiquitín tardaría aún mucho en irse de su lado. Últimamente le han comentado que ha cambiado mucho, él siempre dice que el aspecto no es lo que importa, que en el fondo sigue siendo el mismo, y algunos aún siguen viendo al niño. A veces, ya no sabe donde lo dejó…
Este momento es el mejor de la noche, escribir le relaja a plasmar sus pensamientos, y no sabe que hará cuando termine de escribir esto, tal vez se ponga a continuar algunos de sus proyectos…
Si los días tuvieran moraleja, la de hoy sería… “Jamás pensé que mantener una amistad costara tanto, ni que hiciera llorar tanto”.
Era tarde… así que siguió despierto, para así robarle las horas al sueño, y hacer que sus días fueran más largos, y su vida más corta, que los que estaban durmiendo… siempre dijo que moriría joven, porque vivía cuatro horas más que el mundo “normal”…
Y bueno…. ¿qué más da?
Mode: Ego
Escuchando: nb ridaz – Until I die
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